Andreu G Furió     Info  Proyectos






El Taison de Utiel 
[2022-2025]


Carlos pertenece a una aldea de 17 habitantes situada en el Valle de Ayora. El pueblo es un grumo de ladrillos con ventanas atravesado por una carretera y lo común es pasar de largo en un par de segundos. Después se olvida.

Conocí a Carlos hace más de seis años y supe que allí le llaman El Tyson de Utiel. O sólo Tyson, Tison, Taison, Tisoncillo, Tisón.

Después nos hicimos amigos y me permitió indagar en su vida y en la naturaleza social de la aldea y de los espacios que habita. Pronto entendí que Carlos es magnético por su habilidad para señalar el absurdo y que es desmesurado, como el paisaje, contra el que emprende cruzadas con las que nos hace estar presentes.

Mediante recursos mixtos entre el retrato, la fotografía documental y la narración exploro su intimidad, su ambiente natal y la cotidianidad que se genera en un entorno caracterizado por el éxodo, así como las dinámicas sociales basadas en el valor de la transgresión y del mito. Carlos reta quijotescamente su entorno, con el que en otro momento hubo comunión y se podía vivir gracias a él, pero que ahora se ha convertido en el condicionante de tantas aldeas remotas como esta. 


A raíz de este reportaje Tyson se cambia cada mes la foto de perfil y los colegas le escriben: ¡Grande Tison! Tison bestia. Taison das menos miedo que un policía japonés. Porque en la aldea dan miedo otras cosas, un incendio, la Guardia, el demonio. Pero no un policía japonés, que se pone nervioso si te ve fumar.








Una tarde nos sentamos a ver los cuervos en La Venta. Estaban posados sobre el cableado que cruza la calzada y dejaban caer bellotas, nueces, castañas y almendras para que los coches abrieran los frutos al pasar por encima. Nosotros comíamos pipas. Nos miramos los pulgares y nos sentimos afortunados. Carlos echó las pipas que le sobraron sobre la carretera. Nos subimos al coche para irnos. Metió marcha atrás y pasó por encima de los restos antes de irnos.

*

Balbino se colgó de una rama del nogal. Fue un verano, después de que su hermana Aurora se quedara embarazada de él. El nogal ya era viejo entonces. Poco después perdió las hojas y las nueces. No volvió a sacar fruto pero la madera sigue viva aunque el árbol haya muerto. La corteza se agrieta y expande, todavía, las ramas se dilatan y contraen. Todavía huele y muta morfológicamente con los cambios climáticos y estacionales.


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Carlos crece aquí. Tiene la piel muy delicada. Con un pellizco de seis segundos hace moradura y tiene un solo pelo en el pecho. Uno sólo. Peloenpecho.

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De noche puedes distinguir su casa porque la farola está colada de perdigones y dispersa espigas de luz sobre la fachada. Tumbado sobre su cama, con la ventana abierta, acierta con la escopeta a una sola mano. Suena a lata vacía cuando golpea y luego se escucha a los gatos salir corriendo entre las matas de los cardos.

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Mira, prueba, cuando la resina de pino rojo macera se puede mascar como si fuera chicle.

Tres días después le envié una foto desde el dentista, quitándome todavía los restos adheridos entre las muelas. La boca me olía a hierba, a pinocha y a frío. 

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En noviembre le vi matar una cucaracha en la cocina con un hueso de jamón. Salimos con el hueso. Su hermano sacó unos cuantos guijarros del arroyo. los secó con la camiseta y los bañó en gasolina, que sacó del depósito de la mobylette. Los encendía y se los lanzaba prendidos. Carlos bateaba con el hueso y todos hacíamos ooooh mientras la piedra se perdía prendida entre las copas de los almendros.


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La lluvia tumbó el techo de la casa del Teófilo y entramos. Seguían vivas, en un jarrón con agua, unas flores de plástico. Estaba todo cubierto con sábanas, hasta los gatos, que se giraban a mirarnos, pero como no llevábamos sábanas no nos reconocían. Allí encontramos la Mobylette que Carlos recordaba de cuando era chico.

*

En agosto los autillos se establecen en el mediterráneo para reproducirse. Son buhos con tamaño de mirlo y  emiten un pitido agudo, breve y acompasado con la precisión de un metrónomo. Cantan de noche e interrumpen el sueño. Urracas y grajillas les saquean los nidos. Carlos saca la cabeza por la ventana y grazna al cielo como un córvido. El autillo se calla unos minutos. Debes darte prisa por dormirte durante la tregua.

*
Por la mañana hay que sacudir los pantalones que han pasado la noche en el tendedero porque en los bolsillos hacen nido los ratones.

*

Nos accidentamos con la mobylette de camino a la charca. El faro se fragmentó. Se doblaron el chasis, los guardabarros, la dirección y las defensas. El depositó se abolló. Nos sentamos a la vera del camino, a la sombra, a chupar ramas de anisetes mientras bajaba el dolor.

¿Sabes cuál es el primer animal en acudir a un accidente?

¿El Guardia Cívil?

No. Antes.

Ni idea.

Mira.

Carlos señala una pareja de urracas que se acercan a la motillo.

Siempre las urracas. No ves que un accidente son todo aristas y destellos. Brilla mucho un accidente. Les flipan.


*

No te asustes de las abejas, primo, no ves que sólo están comprobando si eres una flor. Es un halago.

Se dejó una en la mano, la miró un rato. Luego se la metió en la boca. Le picó en la lengua y salió volando y Carlos estuvo días evitando las palabras con muchas erres. Arrea, extraterrestre, ferrocarril.

*

Mari, por las noches, le echa un trapo encima al teléfono para que no suene si la llaman. Como a los loros. 

También nos dijo que las mujeres en la aldea se tapaban las tetas porque las aureolas de los pezones, que suelen ser más grandes, asuataban al ganado porque les parecían los ojos de un animal enorme. Nadie nos lo creíamos y nos apostó.  Fuimos al cerrao de las ovejas y se puso al frente del comedero, delante del rebaño. Se levantó la camisola, gritó y todas salieron todas corriendo. Dijo Ea, mientras inclinaba la cabeza, y extendió la mano para cobrar la deuda.

*

A Genaro, que es colombaire, se le acababa de morir un palomo de un infarto. Estaba intentando reanimarlo con dos cables pelados que había arrancado de un enchufe. Estaba en el porche. Carlos acercó el coche y le dijo que para esto le iba mejor corriente continúa que corriente alterna porque despolariza simultáneamente las células del miocardio. Le pusieron al palomo las pinzas del coche, una en cada ala, conectadas a los bornes de la batería. Carlos arrancó el motor. No sirvió de nada.

*

Una tarde veíamos el atardecer desde el Perello, monte lindante con el pueblo. Carlos me dijo que daba gusto ver el cielo rojo como da ver una fruta madura. Le dije qué bonito y me respondió, no, que va en serio, que es por eso. Si no, nos daría el mismo gusto un cielo azul. Es una movida evolutiva.  Lo mismo que ver los faros rojos de un coche. Son como dos manzanas.

*

Una madrugada Mari llamó a La Guardia con un ataque de pánico. Había un demonio sentado sobre la leña de su casa y no podía salir a tender la ropa. Cuando la Guardia llegó se encontró un muñeco Cabezón de las fiestas de Castiblanques apoyado. Se fueron a por Carlos porque su abuela dijo eso ha sido el desgraciao de mi nieto. Él dijo que no había sido, que con el demonio no tenía trato y que eso era faena del cura porque con el demonio él estaba discutío y no se hablaban. Se dio la vuelta y volvió a meterse en la cama.

*


¿A ti qué te interesa de esto? ¿Para qué estas fotos? ¿Qué provecho sacas?

¿Te parece que lo hago por provecho?

¿Tú qué piensas, que el pastor es depredador o protector? 

Protector.

Pero saca recursos de las ovejas y las cabras. Cuando no se las come directamente. 

Ya.

Los lobos son amigos de los pastores, en realidad, porque así parecen buenos, pero domestican para depredar.





Tete, tú de chiquillo cómo pintabas las casas

Lo de siempre, dos ventanas, una puerta, tejado, chimenea, humo.

Como una cara.

¿Dices?

Las ventanas los ojos, la puerta la boca, el tejado el pelo.

¿Y el humo de la chimenea?

Las ideas.

En esta foto sólo pareces puerta.

Porque soy muy bocazas, nene.





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